Comenzar a vivir

Escrito por Katlynn Leon

Clase de 2025

Cada noche, antes de que Mariana se fuera a dormir, su mamá contaba historias sobre la juventud y cada historia empezaba después de los quince años de la niña. En estas historias, las nuevas mujeres podían salir con chicos y enamorarse, ir a grandes fiestas, cambiar el color de su pelo y mucho más, solo porque cumplían quince años. Por eso, Mariana se pasó toda la vida esperando cumplirlos.

El día de la quinceañera de Mariana fue muy emocionante. Toda su familia y amigos vinieron vestidos elegantes a un salón de baile para apoyar la transición de Mariana a la feminidad. El salón estaba decorado de oro, rosa y con perlas. En el centro del salón había un gran columpio con flores y vegetación artificial. Cuando Mariana salió con su propio vestido de quinceañera, parecía una escena sacada de las películas de princesas. Todas las personas estallaron en aplausos. La mamá de Mariana empezó a llorar por la belleza de su hija. Cuando los aplausos terminaron, el papá de Mariana se levantó de su asiento y se arrodilló frente a Mariana sentada en el columpio. Él recogió su vestido y le quitó las zapatillas de deporte a Mariana. La mamá de Mariana trajo unos hermosos zapatos de tacón alto, rosas y perlados. Con mucha suavidad, su padre le puso los tacones. Él la ayudó a bajar del columpio y comenzaron su primer baile. Cuando terminó el baile, el papá de Mariana dio un discurso sobre lo orgulloso que estaba de su hija.

Ahora, Mariana es oficialmente una mujer y puede empezar su vida adulta. Ella va a salir con el muchacho de su clase de ciencias. En el verano, ella va a depilarse las piernas antes de ir a la playa con sus amigas. Para sus fotos de clase, va a maquillarse y a depilarse las cejas. Ya es una mujer y puede hacer lo que quiera. Mariana pensaba que la noche de su quinceañera fue el principio de su vida y ella no podía contener la emoción. Pasó el resto de la fiesta bailando con sus amigos, riéndose con su familia y sintiéndose completamente feliz.

Todo esto cambió los días después de la fiesta. Como es una mujer, ahora tiene más responsabilidades dentro de la casa. Tiene que limpiar el baño, el piso y lavar los platos. También debe ayudar a cocinar y dar comida a los perros. Las tareas domésticas, además de las escolares, ocupaban todo su tiempo. Mariana no podía salir con los chicos, enamorarse ni nada. Sentía que todas las historias que su mamá le había contado eran falsas. Lo peor fue cuando su hermano, Carlitos, empezó a manejar y a trabajar en Subway cuando cumplió quince años. Ahora él tiene 17 años, su propio dinero y la libertad de salir cuando quiere. Mariana estaba desesperada por ser como él.

Intentó hablar con sus padres, pero ellos no quisieron razonar con ella. Su papá le dijo que necesitaba aprender a cuidar la casa para cuando se casara y zanjó la conversación. Cada día que estaba encerrada en casa, mientras Carlitos estaba en la calle, se ponía más brava con sus padres. No sabía qué hacer y pensaba que iba a tener más tiempo cuando la escuela terminara.

La gota que colmó el vaso fue al principio del verano. En vez de tener más tiempo libre, sus padres le dieron más tareas domésticas, como lavar la ropa. Con su verano en riesgo, Mariana llamó a una reunión familiar. Le explicó a su familia que había una desigualdad en la casa. Carlitos no hace nada en la casa: no corta la hierba, no saca la basura, ni limpia su cuarto. Pero ella tiene que cocinar y limpiar, aunque quiera trabajar y salir. Con esta comparación, sus padres entendieron cómo se estaba sintiendo. Ellos se disculparon por no haber visto la injusticia. A Carlitos no le gustó que sus padres estuvieran diciendo esto. Ahora iba a tener que va a sacar la basura cada noche y cortar la hierba cada dos semanas. No es mucho, pero Carlitos no estaba contento con su nueva responsabilidad. Por otro lado, Mariana estaba entusiasmada con su verano. La semana siguiente iba a ser la niñera de sus primos pequeños y  a tener menos tareas domésticas. Desde ahora, solo va a preparar el desayuno y limpiar el baño.

Muchos años más tarde, cuando Mariana tuvo sus propios hijos, les contaba cuentos antes de dormir sobre el verano después de su quinceañera. Les contó cómo se enamoró del muchacho de su clase de ciencias, iba a la playa con sus amigos casi todos los días y tenía su propio negocio de niñera. Al final de cada historia, les recordaba a sus hijos que la vida no comienza después de tu quinceañera, comienza cuando estás dispuesta a enfrentar la injusticia que te afecta.