Ninguna otra Sofía
Escrito por Carly McMahon
Clase de 2027
Una chica vino la tarde del veintiocho de abril de 2018. Miraba alrededor en el hospital como un perro perdido hasta que un enfermero le preguntó: —¿Necesitas ayuda? — La chica respondió: — Sí, ayúdame por favor.
— Claro. ¿Tu mamá o papá están aquí contigo?
— No, estoy aquí sola.
— Vale. ¿qué pasa? ¿Estás herida?
— Una doctora, por favor.
La chica rechaza responder a las preguntas del enfermero; entonces él me llama. Entro en una habitación privada adonde el enfermero la llevó.
— Hola. Soy la doctora Ramos, pero puedes llamarme Camila. ¿Cómo te llamas?
— Sofía.
— Mucho gusto, Sofía. El enfermero dice que quieres que te vea una doctora. ¿Qué te pasa?
Ella está en silencio mucho tiempo después de esta pregunta.
— No voy a decírselo a nadie. Lo prometo.
— He intentado tener un aborto en casa porque no puedo tener un aborto en el hospital.
—¿Por qué no te autorizan para un aborto? ¿Es un caso de violación o riesgo para la salud?
— Es un caso de violación, pero a mi familia le da vergüenza y cuando les hablé para pedirles un aborto, me dijeron que soy una mentirosa.
—¿Puedes contarme las circunstancias, si te sientes cómoda?
— Mi tío me violó durante la noche y estoy embarazada con su bebé.
Estas palabras me rompen el corazón. Ella no puede tener más de catorce años, está embarazada por una violación y no tiene el apoyo de su familia para interrumpir el embarazo. Una chica de esta edad no debe recibir este trato para este problema. Tampoco ninguna mujer. Sus heridas son importantes porque lo que hizo fue peligroso e insalubre. Le pregunto cómo aprendió qué hacer y ella me dice que un grupo que se llama los “Socorristas en Red” le dio la información.
No puedo esperar hasta que el día de trabajo se termine, porque quiero saber más sobre los “Socorristas en Red”. ¿Quiénes son los Socorristas en Red? ¿Cuál es su objetivo? Nunca he oído nada de este grupo y quiero saber más acerca de dónde obtienen su información sobre las prácticas acerca del aborto. Si los Socorristas están dando esta información a muchas mujeres, están perjudicando más que ayudar. Voy a mi oficina y busco el nombre en mi computadora. Leo artículos y publicaciones en las redes sociales.
El grupo está formado por voluntarios que dan información y ayudan a las mujeres que quieren abortar y los voluntarios se organizan para pedir la legalización del aborto. En este momento, sé que necesito involucrarme en el grupo para detener prácticas similares a la que Sofía usó. Le mando un mensaje a uno de los grupos preguntando dónde y cuándo se reúnen. Rápidamente, una mujer sin nombre de usuario dice que hay una reunión mañana cerca del centro y que es una reunión muy grande. Decido ir y ver lo que estas personas están diciéndoles a las mujeres.
Alrededor del mediodía, camino al centro, a un edificio viejo donde el grupo dijo que se va a reunir. Entro en el edificio y empiezan. Escucho los objetivos de los líderes y la información que ellos dan a los voluntarios para informar a las mujeres embarazadas. Escucho las malas prácticas que aconsejan a las mujeres. Eventualmente, necesito decir algo.
—Esta información es mala.
Todos los voluntarios me miran.
—¿Quién eres?
—Soy Camila Ramos y soy doctora en el hospital. Estas prácticas están lastimando a las mujeres.
—¿Puedes ayudarnos?
Estoy callada un momento. Quiero ayudar a las mujeres, pero no quiero perder mi trabajo.
Aunque no quiero ver más mujeres como Sofía que se hacen daño. Entonces, camino al frente de la habitación y hablo con todos los voluntarios. Doy consejos sobre qué decir a las mujeres y cómo pueden obtener ayuda si quieren abortar.
Después de la reunión, uno de los líderes viene hacia mí.
— Necesitamos tu apoyo con nuestro movimiento. No tenemos doctoras en nuestro grupo y tú tienes mucha información importante para ayudar a muchas mujeres.
— Puedo ayudarte.
— Vale, estamos planeando unas protestas para tratar de aumentar el apoyo en contra de las leyes sobre el aborto. ¿Puedes ayudarnos a hablar de nuestra causa en estas protestas? Creo que tienes una perspectiva muy completa sobre los riesgos de los abortos en casa y sobre cómo afectan a las mujeres.
— Sí, quiero ayudar de cualquier manera posible.
— Perfecto, bienvenida a los Socorristas en Red.
Durante las siguientes semanas, voy al hospital durante el día y por la noche me reúno con los líderes de los Socorristas. Planeamos los detalles de las protestas. También, hablamos con otras organizaciones feministas para conseguir más voluntarios.
El 18 de mayo, llamo al trabajo diciendo que estoy enferma. Este es el primer día de protestas. Los Socorristas y otras organizaciones están llamando las protestas la “marea verde”. Necesito llevar un pañuelo verde para mostrar solidaridad con el movimiento para legalizar el derecho al aborto. Me puse mi pañuelo y salgo de casa para ir al centro. Mientras camino, veo más y más personas de verde saliendo de sus casas y caminando hacia el centro. Cuando estoy cerca del centro, hay cientos de personas. No pensaba que tantas personas estaban involucradas en el movimiento. Pero verlos me dan esperanza de que estas protestas pueden lograr algo.
Me reúno con Manuel y Rosario, los líderes de los Socorristas. Veo a muchos de los voluntarios que vienen a las reuniones. Estamos listos para empezar a caminar hacia los edificios gubernamentales. Nuestro grupo, otros grupos y personas que apoyan la causa caminan juntos. El camino es de casi 2 millas. Durante el camino, las personas gritan “Que sea ley”, “Mi cuerpo, mi decisión”, “Aborto legal, seguro y gratuito” y más consignas. Mientras voy gritando y caminando, miro alrededor y veo a algunos de los médicos que trabajan en mi hospital. Estoy contenta porque estamos de acuerdo en este problema.
Mientras camino, pienso en Sofía. Soy optimista de que, con el tiempo, podremos cambiar el sistema para que las niñas y mujeres como ella no sufran daños en sus cuerpos y tengan derecho a elegir.













